miércoles, 30 de octubre de 2013

De vuelta



Amiga querida,

Vuelvo a este blog nuestro como se vuelve al sur en aquel tango. No me gusta la idea de que todo vuelve al lugar de donde vino, como dice el maestro Gallegos en Doña Bárbara. Prefiero la idea de que todo se fuga, todo se va cada vez más lejos hacia otra parte. Pero en ese camino loco de correr hacia otro lado, a veces pasa que la trayectoria de la fuga toca home y sigue. Eso es lo que estoy haciendo hoy con este blog nuestro. Pisando la almohadilla para seguir corriendo.

Elegí esta semana porque el domingo pasado cambiaron los relojes y comenzó oficialmente el tiempo del invierno. El tiempo se atrasa una hora y de pronto no son las diez sino las nueve y me puedo quedar una hora más en la cama sin remordimientos. Retroceder el reloj es una vieja fantasía que recorre la imaginación a sus anchas, porque está relacionada con detener el tiempo, con viajar en el tiempo.

Esta semana tuve una iluminación que me permitió entender mejor lo que estoy haciendo cuando escribo y de pronto todo se me hizo más evidente. En inglés se le dice a eso un "eureka moment". Ese momento en el que todas las piezas confusas que has estado removiendo sin saber dónde encajan de pronto se arman solas y se vuelven un objeto casi sólido que te deja afuera, porque ya no tienes más nada que hacer por ellas sino dejarlas irse.

Eso vi hace un par de días y de pronto se terminó de armar un libro. No está listo. Falta trabajo de carpintería por hacer. Pero el libro ya anda por sí mismo y ya sólo me pide que me apure, que no me detenga, que no lo traicione. Sin embargo, al borde de esa especie de meta, me detengo.

Cuando una etapa se cierra siempre se puede mirar el horizonte que está atrás y pensar en el futuro. En mi caso, ese futuro es el libro que viene. Y el tiempo angustioso que está en el medio. Esta madrugada, cuando vislumbré ese camino que se me abría enfrente pensé en este blog nuestro como ese lugar que me permite reposar un momento en medio de la carrera hacia otra parte.

Por eso estoy aquí de nuevo, amiga. Para registrar una pausa y para obligarme a contar lo que veo en el camino. Espero que los lectores de esta bitácora de extravíos no se hayan cansado todos de esperar. Para quien quede allí del otro lado va un abrazo tan fuerte como el que te dejo aquí con ánimo de futuro.

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